A diario nos enfrentamos a situaciones que vamos resolviendo de la mejor forma que podemos con nuestros propios recursos y habilidades. A veces nos surgen problemas a nivel familiar, laboral o de pareja que no sabemos cómo abordar y que nos producen malestar emocional. En otras ocasiones nos damos cuenta de que son nuestras propias cualidades (falta de confianza en uno mismo, tendencia a pensar demasiado, falta de habilidades sociales, etc.) las que dan lugar a determinados problemas emocionales.
En cualquier caso, esto puede generarnos un grado de sufrimiento suficientemente alto como para que nuestra vida cotidiana se vea afectada.

El psicólogo es un recurso más, otra herramienta para abordar las dificultades y problemas. El proceso terapéutico es un espacio confidencial en el que el terapeuta (sin juicio ni crítica) acompaña a la persona, de manera profesionalizada, a ampliar la comprensión que tiene de sí mismo, de su forma de ver el mundo y a los demás. La terapia es un espacio donde la persona aprende a darse cuenta de sus propios pensamientos, de sus patrones, de sus reacciones automáticas, a partir de lo que siente, utilizando técnicas y ejercicios para tomar consciencia del momento presente.

El objetivo final de la terapia es que la persona recupere la auto-confianza y el auto-apoyo que ha ido perdiendo a lo largo de su vida y que le ha llevado a una crisis en la actualidad. Porque solo a partir de la consciencia de nosotros mismos y de las opciones que tenemos a nuestro alcance podremos tomar nuestras propias decisiones asumiendo sus consecuencias, y solo así seremos realmente libres y felices.